El
niño sordo requiere un trato especial debido a su limitada conexión con el
entorno que lo rodea, tanto con el ambiente en términos de no estar
completamente conectados con lo que sucede a su alrededor, como socialmente con
el problema de comunicación que acompaña a la sordera.
A pesar de estas consideraciones
especiales y otras varias que deben tenerse con el niño sordo, es importante
puntualizar, que en lo relacionado con el desarrollo, lo más conveniente
resulta ser el fomentar un trato “normal” hacia el niño sordo, entendiéndose
normal como el no concebir al niño sordo como un ser con un retraso mental
grave o deficiente mental, que requiere de una protección fuera de lo normal, sino
como un niño normal con el que se deben tener consideraciones especiales en el
sentido de lograr un ambiente favorable y no hostil para el desenvolvimiento
correcto del niño.
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