Cualquier
insuficiencia física, sea ceguera o sordera, no solo modifica la relación del
niño con el mundo, sino que, ante todo, se manifiesta en las relaciones con las
personas; el defecto orgánico se realiza como anormalidad social de la
conducta.
No debe desconocerse
que los sordos forman un grupo social diferente, que debe ser respetado y
valorado como tal, pero sin embargo, está inmerso en una sociedad
predominantemente oyente, la cual deben
adaptarse a sus requerimientos, conocerla, interactuar y lograr así un mutuo
respeto.
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